domingo, 12 de mayo de 2013

El Sacerdote


Yo vivía con mis padres y hermanos, yo tenia en aquel tiempo
13 años, bronceado de ojos negros y usaba el pelo corto, delgado de 1.65 metros
y totalmente lampiño. tenia varios amigos en el barrio más o menos de mi edad,
con ellos hacía competencia de masturbación,  mi pene media más menos 13
cms, además tenia una voz aun aguda  pero cambiando y mi trasero era el más
paradito y como yo uso los pantalones muy ajustados se notaba bastante, que
muchas veces mis amigos me lo tocaban para hacerme bromas,  pero lejos de
molestarme me gustaban.

Cerca de donde vivía, se encuentra un seminario, el cual
posee una cancha de football y  baseball,  los curas nos permitía los
fines de semanas utilizar sus instalaciones para practicar  algún deporte.

Un buen día mis amigos y yo decidimos ir al seminario para
jugar fútbol, yo había perdido y estaba esperando mi próximo turno de entrar al
campo, mientras recorría el seminario a solas, no me di cuenta cuando un cura se
me acerco hasta que me toco por el hombro y me dijo "que haces aquí hijo mío".

Era un hombre alto y parecía  muy fuerte y apuesto, yo
respondí que estaba esperando turno para jugar fútbol, entonces el padre me tomó
por los hombros con sus grandes manos, y comenzó a masajearme y hablarme de lo
estupendo que era el seminario y luego poco a poco fue acercándose más a mi
espalda y comenzó a pegarse a mí,  yo sentía como un bulto que tenía bajo
la sotana se restregaba en mi camisa y el pantalón, yo me puse nervioso y
entonces el padre me preguntó que desde cuando no me confesaba, yo le respondí
que tenía mucho tiempo que no lo hacia, el empezó a aconsejarme que debería
hacerlo y me invitó a que lo acompañará a conocer el seminario,

Yo accedí y me llevó a través de un pasillo largo, al final
había una puerta la cual abrió y entramos a un salón en donde había una mesa y
dos sillas.

El recinto tenía un ventanal que daba hacia un jardín muy
bonito, el cura se sentó en la silla, él me dijo que me acercara, cuando lo hice
me tomó por la cintura y me dijo que me iba a confesar,  el padre sonrío y
haciendo presión me sentó en su pierna derecha, yo puse un poco de resistencia, 
pero al pensar de que era un cura, no había nada de malo, entonces el padre me
dijo que para perdonar mis pecados, tenía que hacer lo que él dijera y así me
serian perdonados, yo le dije que haría todo lo que me indicara,  Y en ese
momento el padre comenzó a hablarme dulcemente y delicadamente me levantó como
una plumita y me sentó sobre sus entrepierna, Yo comencé a sentir un delicoso
calorcito que desde mi trasero me recorría todo mi cuerpo, él, muy despacio me
agarró por la cintura y comenzó a moverse y restregarme el bulto que tenia
debajo de su sotana, yo sentía con mis nalgas, como aquel bulto a cada
movimiento se ponía cada vez mas duro, mas caliente, mas grueso y se había
duplicado su tamaño.

El cura seguía hablándome con su voz ronca pero tierna y
tranquila de

lo bueno y lo malo, yo sentí como empezaba a jadear cerca de
mi oído y en oportunidades me besaba el cuello y con sus movimientos apretaba
mas mi cuerpo al suyo, y a mí me gustaba mucho esa sensación y le acariciaba sus
manos y sus piernas, entonces me dijo que haríamos algo que sería algo doloroso
y que debería soportarlo porque me gustaría mucho,  me dio la vuelta y
agarro mi mano y me la puso en su verga, invitándome  a agarrarlo sobre la
sotana.

Lo sentí enorme por lo menos unos 20 centímetros de largo, me
pidió que se lo masajeara de arriba hacia abajo y viceversa, me dijo que
continuara sobándolo, mientras él,  me desabrochó los pantalones y me los
quitó junto con mis calzones, me acariciaba y apretaba mis nalgas para después
quitarme la camisa, y quedar completamente desnudo entonces me tomó las nalgas y
siguió manoseándolas.

En ese momento se desabrochó la sotana y para mí sorpresa
estaba totalmente desnudo, me ordenó que continuara sobándole su pene, y por
primera vez vi un pene de tal magnitud, era tan gruesa y larga que casi no cabía
en mis manos, mi verga se paro al máximo al ver semejante paquete con ese enorme
par de huevos, y todo ese matorral de pelo negro y  rizado que cubría desde
debajo de sus huevos, todo el rededor de su verga y subían hasta el ombligo, me
sentía en éxtasis, el padre me dijo que era el momento de besarle la verga, 
para que probara el delicioso sabor que tenia que me gustaría mucho, 
entonces me tomó por los hombros lamió largo rato mis tetillas y me hacia
temblar y gemir de placer y emoción, me arrodillo y quede con mi cara frente a
su caliente y para entonces babeante  verga,  cuando estaba ya de
frente al gran mazo peludo  del cura, me dijo que abriera la boca, yo
estaba tan caliente que no me negué, entonces el padre rozo la cabeza de su
verga con mis labios y me dijo prueba la mielecita que escurre de la boquita de
mi verga es dulce y exquisita y es para ti, la probé y me encanto ese sabor
saladito y agridulce y ese olor al sexo del padre que llegaba a mi nariz me
volvían loco y solo quería seguir disfrutándolo.

Abrí mas la boca y el padre metió su vergota en ella, era tan
grande que casi no me cabía en la boca, él me ordenó que lo chupara y lo lamiera
con la lengua y sin protestar lo hice, al cabo de un rato mientras el cura me
manoseaba las nalgas y me  introducía su dedo por el ojete de mi culo, Yo,
seguía paladeando el sabor agridulce del liquido pre-seminal que emanaba de su
verga, yo le dije al padre que sentía que mi verga goteaba también y me
desmayaría del  placer que sentía.

El padre me contestó que todavía Me faltaba la prueba de
fuego.

Entonces el padre se levanto de la silla, vi como sus 
enormes bolas peludas colgaban de su mástil enrojecido y bien duro, y se dirigió
a un armario que se encontraba en una esquina, saco un bote de crema y se lo
unto en su verga, me dijo que ayudado de esa crema  me haría ver el cielo,
luego me levantó del suelo y me volteo, haciéndome que me inclinara hacia la
mesa, colocando mi pecho en la mesa, me abrió las piernas y me untó la misma
crema por el ojete de mi culito, el cura me dijo que ahora iba gozar lo máximo
pero que al principio sentiría dolor.

Coloco la cabeza roja de su caliente verga  y  
entonces sentí una presión en mi agujero, el padre me dijo que me relajara,
entonces la presión fue más y más fuerte hasta que su falo  venció a mi
esfínter, el dolor era inmenso pensé que el cura  me partiría en dos mi
culito.

Entonces el padre me dio una nalgadita, me agarró por las
caderas y de un empujón me ensarto todo su tolete, yo grité de dolor mis ojos se
inundaron de lagrimas, el cura me dijo que ya comenzaría a bajar el dolor que lo
disfrutara, yo me aferraba a la mesa mientras el padre comenzó a bombearme,
sacando y metiendo su enorme vergota en mi exvirgen culito, el cura gemía de
placer me manoseaba los glúteos y la espalda,

Acariciaba mi aun lampiños  verga y huevos, yo sentí
como  en ocasiones bombeaba más violentamente y en otra se calmaba un poco,
al rato mi culito se había acostumbrado a la enorme dimensión de su verga y
comencé a moverme al ritmo que marcaban sus arremetidas

Hasta que una sensación de calor, cosquilleo y placer
recorrieron todo mi cuerpo, llegando a mis huevos y  subiendo por el tallo
de mi verga haciéndome explotar de deseo y placer. Fue mi primera eyaculación y
como la disfrute

El padre estuvo como 5 minutos mas embistiendo mi emocionado
culito hasta que sentí como me empujaba mas fuerte intentando meter sus huevos
dentro mi estrecho ano, me apretó con fuerza a su cuerpo lo escuche gemir
fuertemente y sentí como él liquido viscoso y caliente de su esperma inundaba
mis entrañas, el dejo de moverse sin sacarme su verga, y mientras acariciaba mi
cuerpo me decía tiernas palabras a mi oído,  fue saliendo despacio de mi
ano y cuando completo el éxodo de su ahora relajada verga de mi adolorido ano
sentí como escurría su leche por mis piernas saliendo de mi culito,

Quede muy adolorido de mi trasero por 3 días que casi no
podía ni sentarme,  pero al cuarto día  volví al seminario para
disfrutar las cosas que el padre me enseño en muchas visitas que hice a ese
lugar.



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