jueves, 4 de octubre de 2012

Me la comió a mí!


Mi historia se remonta muchos años atrás, 37 años. Yo tenía 15 años y vivía en una casa aislada de Galicia. Compartía casa con mi padre, que andaría por los 40, mi abuelo de 60 y tantos, mi tío del que no se su edad y, esporádicamente, mi hermano (de 19 años), ya que estaba interno en un colegio de La Coruña y sólo venía en vacaciones y algún fin de semana. Yo había ido al colegio hasta los 9 años, pero, al morir mi madre, vino mi tío, que era sacerdote, a vivir con nosotros y él me daba las clases en casa y deje el colegio para siempre.

 Es por eso, que prácticamente no tuve contacto con chicos de mi edad, ya que sólo íbamos a la aldea para los tratos comerciales de mi padre y para comprar la ropa no más de cuatro veces al año. Las casa más cercanas estaban a varios kilómetros y además no había niños en las más próximas. Tal era mi ignorancia sobre el sexo que nunca me había masturbado. Mi tío además me decía con frecuencia que tocarse los órganos genitales era un grandísimo pecado y tal era mi miedo que hasta para mear procuraba hacerlo sin casi tocarme. Había tenido algunas poluciones nocturnas que me tenían aterrorizado, pues pensaba que lo que salía era algo parecido al pus y no me atrevía a preguntar a nadie si aquello era normal.


Pero un día sucedió algo inesperado. Mi abuelo se ocupaba de la cocina y la casa y mi padre del campo y del ganado. Teníamos una especie de ducha muy rustica en el corral y mi padre con frecuencia se lavaba allí antes de comer. En una ocasión, mi abuelo, extrañado por la tardanza de mi padre, me pidió que le fuera a buscar para comer. Yo me acerque al corral y antes de llamar, oí unos gemidos extraños que no sabía interpretar.

Me asome por una ventanilla pequeña y vi a mi padre completamente desnudo (era la primera vez que le veía así) y empalmado haciéndose una paja (aunque yo no sabía que era aquello). Me quede paralizado, viendo como bajaba y subía la mano con furor, hasta que se corrió y me di cuenta de que lo que le salía era muy parecido a lo de mis poluciones. Mientras se lavaba, se secaba y se bestia yo no podía quitar mis ojos de su polla, no muy larga, pero tres veces más gorda que la mía; me di cuenta de que yo también estaba empalmado y marche corriendo de allí.

Me quede muy preocupado y, aunque reventaba de ganas, no me atrevía a hacerme yo lo mismo que le había visto hacer a él, preocupado, por culpa de mi tío, por la salvación de mi alma.
Un tiempo después vino mi hermano a pasar unos días, compartíamos habitación y no pude resistirme a preguntarle. Le dije:

-dice el tío que tocarse las partes es pecado.
Me miro y me dijo: "Yo que sé. Eso dicen los curas".
-Pero yo vi a padre haciéndolo.
- "¿Cómo?", me miro extrañado.
-sí, le vi manoseándosela sin parar hasta que meó pus.
-¿Pero qué estás diciendo? Entonces empezó a reírse y me dijo: "eso no es pus. No me digas que nunca te has hecho una paja".
- ¿Qué es eso?
-Lo que viste hacer a papa, aunque no me imaginaba yo que el viejo hiciera esas cosas…"
-¿Pero no es pecado?
- No, si te confiesas después. No me digas que nunca has tenido ganas.
-Algunas veces. ¿Tú te lo haces?
-Claro, en mi colegio todos lo hacemos. Mira ahora se me está poniendo dura: mira, mira." Y me enseño su polla tiesa como un mástil. Al verle a mí también se me puso dura.
- Enséñame la tuya

-"No quiero". Entonces se levanto y a la fuerza me quito las sabanas y me bajo los calzoncillos. Se rio y me dijo: "que pequeña la tienes. Venga hazte una paja y veras que bueno. Yo, que estaba super caliente, empecé a darme manotazos con las manos en la polla. Mi hermano se rio y me dijo: así no, bestia. Yo te enseñare y entonces cogió mi mano, la puso encima de su polla y empezó a mover mi mano arriba y abajo, cogiéndola con la suya. Me dijo: no aprietes tanto. Deja la mano relajada que yo te dirijo y así siguió hasta que se corrió en mi puño. Yo estaba que reventaba al sentir la piel de su polla caliente y la dureza enorme. Entonces me dijo: venga ahora tú. Y entonces empecé a pajearme, pero estaba tan cachondo que solo con pasarme la mano una vez ya me corrí. Mi hermano se partía de risa. Yo me limpie y me acosté desconcertado cara a la pared.

Al día siguiente, por la noche, mi hermano me propuso que hiciéramos unas competiciones de pajas a ver quien lanzaba más alto la corrida, que lo hacían en el Colegio todos los días. Yo le dije que no porque se reía de mi. Entonces él se levanto. Se bajo el pijama y empezó a pajearse en medio de la habitación apuntando a mi cara. Yo me di la vuelta, pero entonces de repente se abrió la puerta y entro mi padre: mi hermano se quedo parado con los pantalones bajados y la polla en la mano. Mi padre dijo en voz muy baja:
-¿Pero que hacéis? Si os ve vuestro tío os mandara al infierno de cabeza.

- Mi hermano le respondió: "Entonces ¿porque lo haces tú?. José te ha visto. Además el tío no es cura ya. Me han dicho en La Coruña que lo echaron por follar con las casadas del pueblo."

Mi padre me miró. Yo estaba acojonado sin decir nada. Mi padre se marcho y mi hermano se metió en la cama sin hablar. Al día siguiente mi hermano se marcho de nuevo al colegio. Esa misma noche, me despertó un ruido en mi habitación. Abrí los ojos despacio y vi a mi padre delante de mi cama: se estaba quitando la ropa. Yo me hice el dormido, con los ojos entreabiertos: entonces se metió en mi cama desnudo muy despacio. Yo seguía haciéndome el dormido mientras notaba como me cogía mi polla y la estrujaba entre sus manos. Mi polla se puso dura como una piedra; entonces me cogió la mano y la llevo hasta su polla. Yo ya sabía lo que había que hacer y le masturbe hasta que se corrió. Entonces me hizo una paja él a mí y disfrute como un loco: Me tuvo que tapar la boca para que no se oyeran mis gemidos. Al terminar se levanto y se marcho sin decir nada.

Pero la noche siguiente repitió la visita. Esta vez empujo mi cabeza hasta que su polla quedo a la altura de mi boca. Intentaba metérmela pero ya la rechazaba porque me parecía un poco asqueroso. Entonces se agacho él y me la comió a mí. Chupaba frenéticamente: yo sentí un éxtasis total y descargue en su boca cantidades enormes de semen. Entonces se levanto y paso por mis labios su lengua llena de mi leche y me dijo: "ahora tu a mi".

 Entonces me abrió la boca y me metió su gordísimo nabo. Yo sentía que me ahogaba y quería sacarlo, pero no me dejaba. Me empezaron a dar arcadas y entonces lo saco. Yo devolví un poco de baba y me lo volvió a meter pero esta vez mas suavemente. Yo seguía sintiendo ahogo y el entonces se corrió. Sentí su semen por la garganta y escupí sobre su polla y su vello púbico. Entonces él me ordeno que le limpiara la punta del nabo con mi lengua. Yo le obedecí y sorprendentemente se volvió a correr sobre mi cara. Limpio mi cara con sus propias manos y me pidió perdón, ante de vestirse y marcharse
.
Estas fueron, aunque no lo podáis creer, mis primeras experiencias sexuales: reales, os los juro. Otro día os contare como acabo todo.


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