martes, 26 de febrero de 2013

Papito postizo

Acabo de cumplir 20 años, vivo en San Diego, pero nací en Tijuana. Soy oficialmente legal y tengo que contarles lo que pasó con el marido de mi Madre hace algunos días. Desde aproximadamente ocho años mis papás se divorciaron y Yo me quedé a vivir con ella. Soy hijo único y después de muchos años mi mamá se casó con un gringo que es abogado. Josh Gardner es un hombre de cuarenta y cinco años que en pocas palabras es hermoso. Es alto y musculoso debido a que hace mucho ejercicio. Tiene la piel muy blanca y el pelo oscuro. Es muy velludo y tiene unos pequeños ojos azules que matan.

Desde que mi mamá me presentó a Josh se me volvió obsesión y ésta creció un día que entré al baño y se estaba bañando. Era un hombre muy alto, velludo y hermoso. Me quedé completamente paralizado viendo como el agua corría por su espalda y el tallaba sus redondas nalgas con el zacate. Mi verga se endureció en una fracción de segundo. Cada músculo se le marcaba y su piel estaba enrojecida por el agua caliente. Era un dios y ahí estaba Yo viendo ese culito parado y velludo completamente húmedo. De pronto volteó y me vió, ahí parado, viéndolo. Pero no se inmutó, siguió en lo suyo.

¿Qué pasó Roberto?¿Necesitas algo? Preguntó.

Eh…No. Yo solo… Solo, vine a buscar la espuma para afeitar.

Está en el mueble, dijo y siguió con su baño. Yo solo por el espejo veía el reflejo de su espalda.

Gracias. Nos vemos dije y salí casi corriendo.

A partir de esa noche todas las veces que me masturbé fueron con su imagen en la cabeza. Viendo como resbalaba el agua por su cuerpo e imaginándome como sería que me mamara la verga o que Yo le comiera el hoyo. Me la jalaba frenéticamente soñando que me pedía que le hundiera la poronga hasta adentro y echándole todos mis mocos en la boca. Josh me ponía muy caliente, pero mi calentura se iba a quedar de muestra pues no se veía ni por dónde.

Mi vida siguió y pasé por todas las experiencias que por lo regular pasan todos los adolescentes. Incluyendo que me hice novio de un compañero de la escuela, pero todo en secreto porque a esta edad no es fácil hacerlo de otra manera.

Una mañana que no había nadie en mi casa, estaba jugando pin pon con David en el garaje, nos pusimos muy calientes y empezamos a darnos un faje y luego él se bajo a darme una mamada. Yo estaba en el cielo pero de repente escuche un ruido adentro y lo detuve.

Hay alguien en la casa, dije.

¡¿Cómo crees?!¿Nos habrán visto?.

Tranquilo, voy a ver quien es y luego te hablo.

David salió por la puerta del garaje y yo entré a ver quien estaba en la casa. No sabía que iba hacer si era mi madre. Sabía que antes o después iba a enfrentar esa situación, pero esperaba que fuera de otra manera. No estaba en mis planes que me viera con la reata en la boca de otro hombre para decirle ¡¿Qué crees jefa?! ¡Soy gay!

Total que con todo y la temblorina de piernas entré en la casa y encontré a Josh en la cocina sirviéndose un café.

¿Qué pasó Josh?¿Qué haces aquí tan temprano?

Es que olvidé unos papeles de la oficina y regresé por ellos. Espero no haber interrumpido nada.

¿Nada como de qué?

No solo digo…

¿Y cómo por qué lo dices?

Bueno, porque te ví en el garaje con David.

A por eso. Bueno, si interrumpiste un poco, pero más tarde me desquito.

A que muchacho. Así que eres puto. No puedo creer que no me haya dado cuenta.

Pues no, no soy puto. Soy homosexual.

¿Y no es lo mismo?

Pues no, la palabra puto tiene una carga de desprecio muy grande. Si lo que quieres decir es que me gustan los hombres, si, y mucho.

Tranquilo muchacho, yo no tengo problemas con eso. Cada quien las suyas. ¿Y lo sabe tu madre?

No, y espero que tengas la cortesía de esperar a que yo se lo cuente.

Es tu problema. Yo como si no hubiera visto nada.

Gracias.

Bueno, nos vemos en la noche. Y la próxima vez que quieras que te den cariño primero asegúrate que no haya espectadores.

Te aseguro que así será.

Josh se fue y Yo me quedé muy sacado de onda. No sé bien si porque se hubiera enterado que era gay o porque me hubiera visto con David. Los días siguientes la vida tomó un rumbo extraño. El hecho de que nos hubiera visto lo hizo un poco más amistoso y con una curiosidad fuera de serie. Cuando estábamos solos me empezaba a hacer preguntas que al principio me incomodaban mucho, pero luego me cayeron en gracia. Estaba muy interesado por saber si David era el primero en mi vida, si siempre había sabido que me gustaban los hombres y esas cosas. La verdad es que su interés me confundía, pero en alguna parte de mi cabecita hacía albergar esperanzas. Así que empecé a subir de tono lo que le contaba y entre broma y broma le soltaba algunas insinuaciones.

-Pues no, nunca me la han metido. A mi lo que me gusta son los culos.

- Pero algún día va a pasar ¿No?

- Pues si, si un día quiero lo voy hacer. Pero por el momento lo que me gusta es meterla.

- Y como te gustan.

- Como tú.

- Tranquilo muchacho, estamos platicando de cuates.

- Y también podemos coger de cuates.

- No m’hijo, eso no va a pasar, pero a ver dime ¿Qué te gusta de mí?

- La pregunta es que no me gusta de ti. Me gusta tu espalda, tus piernas, tus nalgas. Casi todo me gusta.

- ¡A que cabrón! Y entonces ¿Qué no te gusta?

- ¡Que no me las prestas!

Solo rió de buena gana, y siguió arreglando el carro. Yo lo ví, ahí agachado, con esos shortcitos que se le pegaban al culo y me armé de valor, me le acerqué por atrás y le acerqué el paquete a las nalgas. El se levantó y se hizo a un lado como impulsado por un resorte.

¡¿Qué te pasa Roberto?! ¡No me chingues la madre! ¡Una cosa es que seamos amigos y otra que te pases de reata!

Tranquilo Josh, solo estaba jugando.

¡Pues bájale a tus pinches jueguitos! ¡No mames!¡ Si te me vuelves a acercar te parto tu madre!

Ya estuvo Josh. No me chingues. No te gusta. Ya entendí.

Eso espero dijo, y se metió a la casa injertado de pantera.

A partir de ese momento pintó su raya conmigo. No se acercaba más a mi, no había pláticas y evitaba bajo cualquier circunstancia mi presencia, mientras Yo me arrepentía todos los días por mi impaciencia y pendeja osadía. La situación era muy incómoda y mi obsesión crecía día con día a tal grado que terminé con David y me sumí en una depresión enorme.

Pero me suerte iba a cambiar rápidamente y de la manera que menos me esperaba.

Un día de agosto mi madre me comentó que tendríamos visitas. En unos cuántos días vendría a la casa Cyrill, un primo hermano de Josh que vivía en escocia, en Campbeltdown, en pleno campo. La verdad es que la noticia no me entusiasmó ni mucho ni poco. No sabía que beneficio podría traerme eso.

Cyrill era el único miembro de la familia con el que Josh tenía relación y del que se expresaba como si fuera su hermano. Hasta donde me enteré, el hombre tenía como 40 años y Josh había vivido un tiempo con él en sus juventudes cuando se salió de su casa y se fue a conocer mundo. Era un tipo casado, con dos hijas y que se dedicaba al campo. Lo que me faltaba ¡Un campesino europeo en mi casa! Pero bueno, si eso le iba a cambiar el humor a Josh bien valía una semana con el campesino. Nunca pensé la sorpresa que me llevaría.

Cyrill llegó a mi casa un lunes por la mañana y fue como una bocanada de aire que vino a refrescar los ánimos en el mal ambiente que había en mi casa. Era un hombre alto y gordo, pero no gordito, si no todo un oso. Media cerca de un metro noventa y voluminoso, con una eterna sonrisa y ojos grises, bellos y profundos. Tenía un semblante de calma y una barba perfectamente recortada que enmarcaba su cara de niño. Su cuerpo era el de un hombre de trabajo sobrealimentado. Parecía muy fuerte pero era de un trato amable y siempre dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario. La verdad es que a mí, que siempre he tenido debilidad por los gorditos, me pareció hermoso.

Como era un hombre simple, a Cyrill le pareció una tontería acomodarse en un hotel mientras estaba en San Diego, y así, tranquilo como era, dijo que se quedaría con nosotros, esperando no dar muchas molestias. Finalmente en mi casa había una habitación para invitados en la planta baja y así no daría molestias a nadie. No había más que hablar.

En muy poco tiempo me sentí muy cómodo con su presencia. Tanto que en mi cabeza dejó de repetirse la áspera escena de la discusión con josh. Era curioso, pero desde su llegada Yo procuraba llegar a cenar a la casa y pasaba muchas horas platicando con él. Me gustaba que me contara de su vida en la campiña escocesa y lo feliz que era cultivando la tierra. Además que siempre estaba dispuesto a escucharme y a reírse de mis ocurrencias a pesar de lo agrio de Josh.

Poco a poco me fui percatando que de repente me llamaba mucho la atención. Me sorprendía a mi mismo viendo sus enormes nalgas que parecía que se iban a desbordar de su pantalón, y trataba de acercármele por cualquier motivo, porque siempre olía muy bien.

Un domingo Cyrill decidió que sería buena idea que fuéramos a algún parque a pasear y a que conociera un poco. Así lo hicimos. Ya ahí nos pusimos a jugar un rato, y entre juego y juego terminamos rodando por el piso y empujándonos por el pasto, bajo la mirada divertida de mi madre y la cara de pocos amigos de Josh. Hasta que llegó la hora de la comida y ellos se fueron a comprar bebidas, mientras mi mamá y yo preparábamos las cosas.

Cuando regresaron todo fue diferente. Cyrill ya no estaba tan divertido y se la pasó muy serio la mayor parte de la tarde. En la noche cuando regresamos a la casa, se disculpó y se fue acostar muy temprano dejándome con un palmo de narices. Al otro día, cuando volví de la escuela me encontré con la noticia que se había ido a Sacramento y no volvería hasta la semana siguiente. No sabía que había pasado, pero sabía que el imbécil de Josh había tenido algo que ver. Lo odié tanto como antes lo deseaba.

Esa semana fue una de las más largas de mi vida. No sabía bien a bien por qué pero lo extrañaba. Extrañaba a ese enorme oso de brazos fuertes y culo desbordado. Extrañaba sus pláticas y su delicioso olor.

El día que volvió casi todo había vuelto a la normalidad, solo que ya no se me acercaba mucho, y procuraba no prestarme mucha atención. La cena fue muy tranquila y todos nos retiramos a dormir pronto. Cerca de media noche me levanté con mucha sed y bajé por agua a la cocina solo vestido con unas trusas. Cual sería mi sorpresa que me encontré a Cyrill sentado en la oscuridad, como una montaña, viendo por la ventana. Solo con una playera blanca y sus boxers azules. Era como una visión.

Perdón no quiero interrumpir. Vengo por agua. Tengo mucha sed Dije tontamente.

No te preocupes, pasa, dijo y sentí como su mirada me seguía mientras me acercaba al refrigerador.

¿Cuánto tiempo llevas ahí? ¿Te pasa algo?

No mucho. Pero no, no me pasa nada. Dijo sin mucha convicción.

Pues a mi me parece que si dije acercándome una silla y sentándome frente a él. Desde el domingo estás como diferente.

¿Te parece? Respondió.

Si, me lo parece y si se puede quisiera saber qué es.

Pues si, si me pasa algo. Josh me dijo que eres marica ¿Es verdad?

Así que ese es el problema. Si Cyrill, soy puto, marica, saltapatrás, o lo que se te ocurra en el camino. Pero no te preocupes. Puedes estar tranquilo. No pienso brincarte encima, si eso es lo que te tiene así dije, poniéndome de pie y esperando su letanía acerca de mi homosexualidad.

Lo sabía. Claro que lo sabia, dijo moviendo la cabeza de un lado a otro. El problema es que no quiero estar tranquilo. El problema es que nada quisiera más que me brincaras encima. Dijo con ojos de súplica.

Perdón… No escuché bien ¿De que hablas?

Hablo de que me gustas, me gustas mucho y me siento muy sucio por eso. Siento que soy un puerco porque te deseo como pocas cosas. Hablo de que cada vez que te me acercas tengo que mantener a raya las ganas que tengo de besarte, de acariciarte, de ser Yo quien te salte encima

Pero Cyrill…Yo…

Si ya sé, soy un cerdo cuarentón calentándose por un tipo al que le doblo la edad, y el peso, por cierto.

No pude decir más. Le palmeé el hombro intenté irme, pero al pasar cerca de él no me pude contener y lo tomé por la cabeza. Acaricié su cuello y agachándome lo besé.

¿Esto es lo que quieres? Dije manteniendo mi cara muy cerca de la suya.

No juegues conmigo niño, dijo alejándose de mí con una agilidad sorprendente para alguien de su blindaje.

Nuevamente me le acerqué y lo besé. Solo sentí como tomaba mi cabeza entre sus manos y me besaba con delicadeza.

No. Lo que quiero es coger contigo.

Pues ya somos dos con muchas ganas ¿Qué le vamos hacer?

No sé, pero si me sigues besando no me voy a poder detener, dijo con una sonrisa y luego mordisqueo mis labios.

Su gran enorme y velludo cuerpo estaba contra el mío y Yo sentía su calor y ese temblorcillo que tenía.

Lentamente puse manos sobre su cuerpo y lo empecé acariciar mientras sentía como su verga crecía en sus calzoncillos. Metí una de ellas por debajo de su playera y acerqué mis dedos a uno de sus pezones que ya estaba duro como una piedra. Solo escuche como Cyrill suspiraba profundo y besaba mis ojos. Lo comencé a frotar y empecé a escuchar como su respiración se entrecortaba. Con toda la palma de mi mano agarré su teta y la empecé a acariciar, mientras una de sus manos bajaba hasta mi verga y me la acariciaba sobre la trusa. Su lengua era firme y su aliento fresco. Yo ya no podía pensar, solo quería sentir sus carnes, así que me acomodé un poco de lado y pasé mi mano hacia su espalda. La metí por debajo de la playera y sentí como le corría un hilito de sudor por en medio. Lentamente la fui bajando y sentí una mata de vellos en donde terminaba su cintura. Los acaricié, jugueteé con ellos y comencé a descender hasta sentir la raja entre sus nalgas, que estaban cubiertas por un vello suave, mientras él metía su mano debajo de mi calzón acariciando mi verga con vehemencia. Sentí su culo gordo pero firme y lo acaricié si miramientos. Lo masajeé, apachurré, pellizqué y todo lo que se me ocurrió de pronto. Traté de acercarlo más a mí y tome una de sus nalgas acercando uno de mis dedos a su hoyito, que se contraía como esperando algo. La acaricie el culo y lo froté con los dedos sintiendo todos esos pelos que cubrían la entrada al cielo.

Que buen culo tienes Cyrill, dije, mientras le besaba entre el cuello y la oreja.

No pares muchacho. No te detengas, dijo con la voz entrecortada.

Ven gordito, muéstrame tu culo, quiero verlo, dije y lo volteé, recargándolo contra la mesa.

Cyrill no opuso ninguna resistencia. Se volteó y abrió un poco las piernas. Yo me acerqué a él y le froté mi poronga sobre el boxer. Solo podía sentir como su enorme cuerpo temblaba. Me agarré de sus hombros y lo empecé a frotar mientras el se hacía para atrás como queriendo sentir lo que le ofrecía. Luego bajé un poco sus boxers y me sorprendí con sus blanquísimas y peludas nalgas. Eran fuertes y firmes a pesar de su volumen. Se las acaricié y le acerqué un dedo en medio de ellas. Él solo se agachó más abriéndome camino en su colita. Yo empecé a acariciar con mi dedo los pliegues de su ano mientras besaba su espalda.

¡Asi!¡Ahggggggg! Decía en un murmullo que me ponía muy caliente.

¿Quieres que te meta los dedos? Pregunté sabiendo de antemano la respuesta.

¡Haz lo que quieras pero hazlo ya! Gimió.

Yo solo acerté en ensalivar mis dedos y comencé a presionar su ojete con una mano y con la otra acariciar sus nalgas, mientras el movía sus caderas. Presioné un poco más y uno de mis dedos empezó a entrar en su hoyo lentamente. Una vez que estuvo adentro lo empecé a mover de adentro hacia fuera metiéndolo y sacándolo con suavidad. Cyrill movía sus caderas como siguiéndolo y pujaba suavemente.

Estábamos en ese reconocimiento cuando escuchamos que en la planta alta alguien se había levantado.

Espera, alguien viene, me dijo

¡Tranquilo mi rey! No viene nadie, dije, completamente cachondo por la presión que hacía su culo en mi dedo. Se levantaron al baño.

Será mejor que nos vayamos al cuarto, dijo separándose de mí.

Cyrill se volteó y subió sus boxers dejándome completamente empalado. Con una sonrisa me tomó de la mano y se dirigió a la recámara de servicio que era donde dormía.

Ven Robert, en el cuarto podemos terminar esto sin sobresaltos, dijo mientras me hacía seguirlo.

Yo hago lo que tu quieras, dije.

Una vez que entramos a su cuarto lo recargué contra la puerta y empecé a besarlo mientras frotaba mi cuerpo contra el suyo. Le saqué la playera y comencé a besar su cuello, sus orejas y la barbilla. Su olor me trastornaba. ¡Olía tan bien! Era un olor a macho limpio y loción fresca. Ví sus tetas y se me antojó morderlas. Tenía los pezones rosados y velludos. Duros como piedra. Metí uno en mi boca y lo mordí suavemente. Cyrill solo echó su cuello para atrás y gimió mientras acariciaba mi cabello. Lamía todo su pecho y lo acaricié por completo. Seguí bajando hacia su panza y me entretuve lamiendo su ombligo que era como una pequeña caverna llena de pelos. Total que quedé arrodillado frente a su verga. Su garrote no era muy grande, o por lo menos no lo parecía por el tamaño de su cuerpo, pero era estaba perfectamente circuncidado y completamente erecto. Lo tomé con mis manos y se la empecé a chaquetear. Subía y bajaba del tronco a su cabecita que ya echaba una enorme cantidad de precum. Hasta que no pude más y acerqué mi lengua a la puntita. Sabía salado y se sentía pegajoso. La chupé repetidas veces y lamí la coronilla, mientras le acariciaba las bolas. Luego la metí en mi boca y empecé a subir y bajar, metiéndome su verga por completo en la boca, para luego sacarla y lamerla por todo alrededor.

Si sigues así me vas a deslechar muy pronto Bobby, dijo acariciando mi cabeza y llevándola más hacia su poronga.

Entonces date vuelta para que te mame el culo le respondí.

Cyrill giró su cuerpo y se recargó en la puerta dejándome ver en su totalidad ese enorme culo que me volvía loco. Separé sus peludas nalgas y me encontré con un culo rosadito coronado por una mata de pelos. Los hice a un lado y coloqué la punta de mi lengua en su hoyito que se contraía a gusto. Lo chupé y repasé cada uno de los pliegues de su ano. Lo succioné y ensalivé completamente. Besé sus cachetes y los mordí con delicadeza, para luego volver a acercar mi lengua y la metí y la saqué como si lo follara con ella. Después acerqué uno de mis dedos y se lo metí con cuidado. Su cuerpo solo temblaba y de sus labios salían una especie de pujiditos que me ponían a mil.

Espera, si me sigues comiendo el culo me voy a venir y quiero probar tu verga, dijo.

Pues venga, dije y me levanté.

Nos acercamos a la cama y Cyrill se sentó en ella. Yo me acerqué y le mostré mi verga que hacía mucho rato que estaba a reventar. Él la vió y se le desbordaron los ojos.

¡Mira nada más que arma tienes muchacho! Dijo y agarró con sus dos manos mi poronga.

Lo vió, la midió y acercó su lengua a la punta. La besó como checando el tamaño y abriendo mucho su quijada se la metió de a poquito. Una vez que puso empezó a meter y sacar mi garrote de su boca, para luego mamar mis bolas y lamer debajo de ellas, mientras con sus manos acariciaba mis nalgas.

¡Ay papito, que tamaño de poronga! Decía cada vez que podía dejarla de chupar. Quiero que me la metas completita. Me la quiero comer toda. Repetía mientras me ponía más cachondo con cada lengüetazo. ¡Quiero que me partas el culo con este juguetito!

Ya estuvo Ciryll. Te la quiero meter ya. Dije mientras lo separaba de mi garrote y lo acostaba en la cama.

Cyrill se acostó y le pedí que se diera la vuelta. Me agaché y le mamé nuevamente el culo al tiempo que moví una de sus piernas a un lado. Una vez que lo sentí suficientemente ensalivado me coloque tras él y le acerqué la punta de mi verga a su hoyito. La cerqué y se la froté de arriba abajo y comencé a presionar con sumo cuidado. Con mucho trabajo alcanzó a recibir la puntita, y cuando hubo pasado él solo bramó como oso. Por un momento pensé que el gordito se iba a rajar, pero lejos de eso movió su cadera para atrás y abrió un poco más sus piernas. Presioné de a poquito con fuerza pero lentamente y mi garrote empezó a deslizarse por su hoyo. Lo tomé por las carnes de su cadera e hice más presión hasta que sentí sus nalgas repegadas en mi abdomen. Cyrill, solo apretada los dientes y gemía pero nunca se rajó. Me detuve un instante en lo que su colita se acostumbraba al tamaño de mi verga, y cuando lo sentí más relajado empecé a bombear. Se la saque con calma y se la volví a dejar ir de nuevo y así varías veces hasta que ya entraba y salía con algo de facilidad.

¡Aghhhhhhh! Bobby ¡Me vas a partir!

¡¿Quieres que te la saque?! Dije mientras le zumbaba con más fuerza.

¡No papito! ¡Métemela mas!¡Dale! Méteme tu animalote mi rey. ¡Rómpeme el culo!¡Dámela toda! Gemía.

¡Cómetela gordito!¡Acábatela! Dije dándole con más fuerza.

Cyrill tenía el culo tan apretado que en cada bombeada sentía que me la iba arrancar. Se la metía y se la sacaba con tantas ganas que en cada bombeo casi se la sacaba completa para volver a dejársela ir mientras sus enormes nalgas rebotaban contra mi abdomen y machacaba sus huevos con los míos. Él solo levantaba y bajaba su cabeza en cada embestida. Y así estuvimos por un buen rato.

Voltéate gordito, quiero ver que cara haces cuando te comes mi garrote, dije poniéndome de pie.

Lo que tu digas, mi rey, respondió, mientras se volteaba.

Lo tomé de las piernas y lo acerqué a la orilla de la cama, se las levanté por mis hombros y le coloque la verga en la entrada del culo al cual le escupí un poco de saliva y se la dispensé con el dedo. Estaba vez ya entró más fácil, pues ya estaba muy dilatado. Desde que le acerqué la punta de mi poronga, su culito se contrajo como pidiendo más y la fue recibiendo a placer hasta tenerla enterita dentro. Solo ví su cara distorsionada de placer y su cuerpo que sudaba copiosamente.

¡Asi mi rey! ¡Métemela más!¡Que rico! Decía mientras que sus ojitos se volteaban en cada arrimón

¡¿Te gusta?! Preguntaba Yo, viendo como se comía su culito mi garrote.

Y tomándolo por las piernas lo estuve bombeando con tanta fuerza que su cuerpo de oso solo vibraba cada que sentía mi verga enterrarse en sus tripas.

De pronto Cyrill agarró su propia reata y comenzó a masturbarse frenéticamente. Se la jalaba y en cada jalón apretaba el culito proporcionándome más placer, hasta que después de un rato empezó a temblar y su verga empezó a lanzar una enorme cantidad de mocos que se regaron por su estómago peludo. Y en cada emisión que lanzaba, contraía su hoyo apretando sabrosamente mi garrote. Yo pensé que no resistiría más, pero aguanté un rato, para luego vaciarme dentro de él. De mi reata salieron muchos mocos que se alojaron en su tripa. Para cuando se la saque le brotaron del culo una buena cantidad de mocos machacados que con la punta de mi verga le distribuí en el culo, para luego caerle encima.

Así estuvimos por un muy buen rato. Uno sobre otro frotando nuestros cuerpos y prodigándonos caricias. Mientras Cyrill me masajeaba las nalgas y tocaba mi culito, Yo le besaba y acariciaba las tetas y nos besábamos como si se nos fuera acabar el aire, hasta que nos quedamos profundamente dormidos.

Cerca de las cuatro de la mañana desperté como desorientado, pero lo ví ahí, acostado, durmiendo plácidamente y el alma me regresó al cuerpo. Nuevamente lo besé y me puse las trusas. Tomé su enorme playera, me la puse y salí de su cuarto.

Cuando Iba llegando a mi recámara la puerta del Baño se abrió. Era Josh que iba saliendo y se me quedó viendo con ojos de muy pocos amigos.

¿Qué haces? Preguntó

Voy a mi cuarto, le dije con prisa.

¿De dónde vienes?

¡Qué te importa!

¡¿Cómo que qué me importa?!¿Por qué traes esa playera?

Déjame en paz imbécil. No tengo porque darte explicaciones.

Te estoy preguntando ¿De dónde vienes? Dijo, y me jaló de la playera.

¡Si no me sueltas te voy a partir la madre! Respondí

Justo en ese momento mi madre se asomo por la puerta y preguntó qué pasaba, lo cual escamó un poco a Josh y Yo pude soltarme e irme a mi recámara.

No sabía si Josh se imaginaba de donde venía, pero si se enteraba de lo que había pasado entre Ciryll y Yo se iba a armar una buena bronca en mi casa. Aunque ya a estas alturas del partido no me importaba. Había pasado una de las mejores noches de mi vida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario